top of page

Przeworski: ¿Por qué tomarse la molestia de hacer elecciones? (2019)

  • Foto del escritor: oretaragui
    oretaragui
  • 25 jul 2025
  • 2 min de lectura

Las elecciones son casi rutinarias: se vota una vez cada determinado tiempo, asume un dirigente, tiene un desempeño que satisface o decepciona al electorado y se vuelve a votar. Aún así hay un elemento que provoca emociones alrededor de ellas, casi como si de un torneo de fútbol se tratase.

Przeworski (2019) distingue entre los antiguos partidos fascistas y la nueva derecha, ya que si bien ambos tienen ideas conservadoras, estos nuevos líderes de derecha no pretenden eliminar las elecciones como mecanismo para elegir a los gobernantes. 

El autor sigue con otra distinción clave: la insatisfacción con el desempeño de los gobiernos no equivale a la disconformidad de los ciudadanos con la forma de elegir a las autoridades. Resalta incluso que es común que los votantes del partido perdedor tengan mayor disconformidad con la democracia que aquellos que votaron al ganador - nos recuerda a frases como “la democracia está en peligro” cuando gana tanto el PJ como el PRO o LLA -.

Las elecciones otorgan un mínimo de legitimidad a los gobernantes, pero lo que no puede garantizar - por lo que representa una limitación importante - es un buen desempeño de la gestión. El poder real de las elecciones libres y competitivas es permitir cambiar o mantener un gobierno si así la mayoría lo manifiesta, pero mediante un consenso y traspaso pacífico e institucional y no por medio de la fuerza o por designación de una élite como en otros momentos de la historia - los correntinos deberíamos recordar no solo los golpes de Estado en el siglo XX, sino también las reiteradas intervenciones federales incluso en plena democracia -.


“Las elecciones son un mecanismo para designar gobiernos mediante un cómputo de votos” (Przeworski, p. 44)


Las elecciones pueden tener más o menos incentivos para los votantes, ya que depende del tipo de sistema de repartición de cargos. En el caso argentino si bien ganar el Poder Ejecutivo es un juego de suma cero - el ganador se lo lleva todo -, en el Congreso se permite la representación de las minorías.

Para los dirigentes las elecciones representan un incentivo para gobernar bien o a favor de la ciudadanía: si tienen una gestión favorable, serán elegidos en las próximas elecciones y se mantendrán en el poder, en caso contrario deberán cederles el lugar a otro. 

Aún con diferencias marcadas en la sociedad, especialmente ideológicas, los comicios permiten la toma de decisiones en un marco pacífico o reducen la violencia. Las reglas de juego son claras: el que gana tiene derecho a gobernar, el perdedor debe dejar gobernar. La mayoría impone una voluntad, la minoría debe someterse a ella aunque no esté de acuerdo y no recurrir a mecanismos violentos - aunque esto no quiere decir que no puedan seguir pensando diferente -. Esto es lo que el autor llama el milagro de la democracia.


Sobre el Autor:

Adam Przeworski nació en 1940, en Polonia. Estudió en la Universidad de Varsovia y en la Universidad de Northwestern, es politólogo y profesor en la Universidad de Nueva York. Publicó Democracy, Accountability, and Representation (1999), States and Markets (2003), entre otros.

Comentarios


bottom of page